¿Por qué llueve?

Breve historia ficticia basada en cómo quiero creer que llueve

 

Sé que científicamente, la lluvia es provocada por un descenso de temperatura que hace que el ambiente deje de tener la capacidad de contener la humedad. Pero, quiero creer que es por algo más interesante.

 

Quiero creer, que la lluvia es algo más allá que un paso más del ciclo del agua. Quiero creer que el agua, caprichosa, decide recorrer el aire. Que no se contenta con quedarse en su territorio delimitado por bordes de ríos con muelles, por orillas de lagos contaminados, por cantidades incontables de arena [que algún Artista de fama incalculable, ha decidido incrustar unas cuantas conchas por aquí, situado nidos de tortugas y cangrejos por allá, y algunos cuantos mamíferos, que se dedican a contaminarlos, por todas partes].

 

Quiero creer que necesita recorrer el mundo entero, en busca de tu presencia. Que palpa con sus húmedas manos todos los rostros del mundo, y no se contenta hasta delinear el tuyo. Que se vale de pequeñas aglomeraciones de su materia, que toman forma de pequeñas perlas y se desprenden sus pequeñas y minúsculas manitas de las de sus compañeras que aguardan su turno en las alturas.

 

Y ahí está, en espera del momento del “desprendimiento”. Ella, que acababa de cumplir 5 milisegundos de edad [para las gotas, la medida del tiempo es distinta, ya que nacen y crecen muy rápido]. Cuando su madre contempló su rostro, supo que se llamaría Victoria. Y durante su niñez precoz de 345microsegundos, le contó la tradicionalmente larga leyenda de tu rostro. Aquella que definía cada vez con más precisión la sensación del contacto de tu tersa piel, y cómo se estremecía al contacto de sus antepasados [que habían crecido y se habían vuelto ancianos Goterones].

 

Victoria se había preparado durante toda su corta vida para este momento, era la esperanza de su “nube”. La elegida para redescubrir tu rostro. Ya que hacía varios años [que son como milenios para ellas], que su “nube” no tenía la dicha de verte. Se oían relatos de nubes vecinas que contaban que habían estado cerca de rozarte, pero eran alardes de suerte y dicha.

 

El nanosegundo de su “desprendimiento” había despertado muy feliz. Se había dicho a si misma que era la gota más afortunada de todo el cielo. Y se vistió con sus mejores galas, estrenando aquellos zapatos de 2 átomos de Hidrógeno y su collar de Oxígeno. Se maquillo lo mejor que pudo y salió a la borda. Llegaba temprano, pero era imposible no hacerlo tomando en cuenta la misión que tenía en sus manos. Se unió al grupo de expedición que iban a acompañarla. La borda ya estaba de color oscuro, muestra inequívoca del ya cercano “desprendimiento”. Y se tomaron de la mano. Ella estaba muy emocionada; tenía a 4 gotas, entrenadas para este momento, a su lado. Se estremeció de emoción cuando un relámpago anunció el momento.

 

Sus pies perdieron contacto físico. Y sintió como el aire delineaba salvajemente su figura. También sintió como una ráfaga desintegraba a dos de sus acompañantes, sabía que su empresa era arriesgada, pero aún así no quería estar en ningún otro lugar. Y por fin: te vio.

 

Su corazón de oxígeno palpito con violencia y apenas sintió como su acompañante se quedaba atrapado en una enorme aguja de pino [Para este momento, toda su “nube” estaba conteniendo el aliento de pura emoción]. -Victoria- dijo su último acompañante- me adelantaré para asegurarte el camino-. Soltó su mano y se precipitó con más rapidez. Estaba a punto de conseguir su objetivo cuando, de pronto, te moviste un minúsculo centímetro, y el explorador no tuvo más remedio que estrellarse contra el zapato de otro transeúnte. Victoria contemplo esto horrorizada. Ahora, más que nunca, tenía miedo de no poder cumplir con su misión. Recordó que ella estaba marcando el camino de todo un batallón, de distintas nubes, que quería resbalar por tu pelo y espalda.

 

Contuvo la respiración, unos instantes antes de caer, oyó que te decían -Parece que ya va a empezar a llover, nos vamos a tener que mojar...- Y fue cuando levantaste la vista y Victoria te vio a los ojos. Supo que todas las historias eran reales, que no exageraban. Realmente eras bellísima, tus ojos cafés se lo revelaron todo. Y supo también, que toda su vida había valido la pena por tan sólo contemplarte.

 

Cuando intentó recuperarse de la impresión, estaba a escasos centímetros de tu rostro. Y sucedió. Confirmo que tu piel era suave como la seda. Que mientras rodaba por tu mejilla, se iba embriagando con tu delicioso aroma. Quiso que ese instante no acabara nunca jamás. Y entonces, supo que estaba muriendo, y se sintió llena. Murió con una sonrisa en su húmedo rostro, sabiendo que había sido la experiencia más maravillosa de toda su existencia.

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