La Estación Ambulante

Era una tarde soleada pero, en su interior, la luz se veía un poco turbia. Tenía el pelo desordenado por el viento, olor a tabaco, y aspecto congestionado Estaba sentado en la estación del tren. Esperando a que se acercara aquél largo vehículo que transportaba a tanta gente de un lado a otro. Gente que no se conocía pero, que por la necesidad, se aglomeraba en vagones ajenos.

 

Y ahí se encontraba, pensando en tantas cosas. Ajeno totalmente al sonido melancólico de la armónica de un vagabundo buscando limosnas.

 

Su mente viajaba de un lado a otro...

 

Del trabajo a la casa. Del lago a la pradera. Su mente viajaba de un lado a otro. De la montaña al mar. Del campo de su niñez, al cementerio donde estaban los restos de su escaza familia.

 

Su mente viajaba de un lado a otro. De la inmortalidad del cangrejo, a la quinta dimensión. De los acordes desafinados de una maltrecha guitarra, a los brazos de la mujer que amó. Su mente viajaba de un lado a otro. De la película que había visto cientos de veces, hasta el libro que nunca leyó. Su mente viajaba de un lado a otro.DE las historias de su abuela, hasta la canción que no lograba sacar de su cabeza. De la rosa roja misteriosa colocada en el pórtico de su casa un día de invierno, hasta los guijarros incrustados en sus rodillas en su primer viaje en bicicleta

 

Su mente viajaba de un lado a otro. En esa estación ambulante. La que, personas como él, volvían ambulante. Dejando su ser corpóreo atado al incómodo banco de espera, pero con su mente vagando y viajando a tantos lugares. Lugares conocidos, o inexistentes, producto de su imaginación.

 

Su mente viajaba de un lado a otro. Sin detenerse en la estación...

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Comentarios: 1
  • #1

    Nacht Box 20 (martes, 23 febrero 2010 10:30)

    Me identifico mucho con esto. Deberías seguir posteando.